¿Porqué la crisis la pagamos los de siempre?

martes, 17 de enero de 2012

Parece que nadie quiere enfocar esta parte del problema pero, es una realidad que en tiempo de crisis las empresas más importantes y las grandes fortunas evaden pagar sus impuestos depositando sus fondos o invirtiendo en paraísos fiscales, lo que afecta gravemente en el déficit público y en la destrucción del estado del bienestar. La Unión Europea está tomando casi a diario decisiones que afectan a nuestro futuro, pero ninguna de ellas va encaminada en la dirección de luchar contra el fraude y los paraísos fiscales. Eso sí, desde que en 2007 estalló la crisis la U.E ha destinado, destina y destinará millones de euros públicos para sanear las cuentas de la banca privada. Mientras tanto la ciudadanía debe soportar con resignación durísimos recortes sociales, reducción de salarios y pensiones, despidos, privatizaciones, eliminación de servicios sociales básicos... y así un larguísimos etcétera.

La seguridad privada ha pagado en sus carnes las consecuencias de la grave crisis económica y sus trabajadores han soportado severamente las envestidas de una patronal que no está acostumbrada a recortar sus márgenes de beneficios. Los tres últimos años hemos observado como nos han congelado el salario mientras las empresas le seguían repercutiendo el IPC a sus clientes. Ahora, justo cuando toca actualizar nuestro sueldo, van y nos dicen que no tienen forma de hacer frente a esta subida y que, de hacerla efectiva, va a afecta gravemente al sostenimiento del empleo. La realidad es que alrededor del 60 por ciento del personal habilitado se encuentra inactivo en la actualidad y que, de los que sí tienen la suerte de trabajar, la mayoría manifiesta no llegar a final de mes, ya que su salario no llega a alcanzar ni los 900 euros. Nuestro sector se ha convertido en un un gremio con una mano de obra barata, con condiciones precarias y una alta peligrosidad. Pero las empresas no están contentas y nos dicen que tenemos que estarles eternamente agradecidos y que, seguramente, habrá que sacrificarse un poco más.

¿Hasta dónde?


Historias de La Inseguridad S.A, episodio nº 2

miércoles, 28 de diciembre de 2011
La patronal celebra el "Día de los Santos Inocentes"

Los empresarios del ramo han aprovechado el día 28 para felicitar a sus trabajadores por el día de los santos inocentes, y de paso, darle la inocentada a todo el gremio de la seguridad privada: después de tres años de sacrificio, con el sueldo congelado debido a las negociaciones colectivas, ahora que toca subirnos el sueldo a primero de años porque así viene recogido por convenio, ahora van y nos dicen que no saben como van a subirnos lo que nos corresponde.

Y empiezan a preparar mil escusas con la ayuda de los sindicatos afines y amparados en las últimas medidas gubernamentales que dan cobertura a las empresas que presenten cuentas justificando pérdidas... O mucho cambian las cosas, o nos tememos lo peor. En el 2012 las palabras más sonadas para los trabajadores van a ser flexibilidad, descuelgue salarial y expedientes de regulación de empleo.

Todo un tijeretazo de nuevo en el mismo sitio: en la nómina del currante. Ahora ya lo saben: los empresarios han tenido tanto interés en celebrar el 28-D para mandarle a sus asalariados un mensaje claro: una nómina recortada con la figurita que la ha hecho popular, y un texto que nos servirá de premonición: "inocente", "inocente", "inocente"...

Los liberados sindicales a debate

martes, 20 de septiembre de 2011

El programa de Angels Barceló Hora 25 de dedicó parte del programa del pasado lunes 19 a analiza la figura de los trabajadores que dedican su jornada a gestionar y reivindicar los derechos laborales de los demás.

Recuperar la Dignidad Perdida

martes, 26 de julio de 2011

Es frecuente que al dialogar con los vigilantes de seguridad que llevan ya unos años en la profesión, añoren aquellos tiempos en los que se tenían reconocida legalmente la condición de agente de la autoridad. Tampoco es que hay que remontarse tanto tiempo atrás, hasta el año 1992, en virtud de lo establecido en el R/D 629/1987 de 10 de Marzo que regulaba la función del vigilante jurado de seguridad se decía: “que los vigilantes jurados de seguridad en el ejercicio de su cargo tendrán el carácter de agente de la autoridad”.

El problema se fue enconando porqué el rango de esta primera disposición legal era inferior a la que se contempló años después en la Ley Orgánica 10/1995 del Código Penal, que en su art. 24.2, dice: “se considera funcionario público todo el que por disposición inmediata de la Ley o por elección o nombramiento de autoridad competente participe en el ejercicio de funciones públicas”, y por ello se planteaba una contradicción, en la que algunos tribunales reconocían el carácter de agente de la autoridad a los vigilantes jurados de seguridad y otros no. Pero lo que realmente le dio la puntilla fue la promulgación de la Ley 23/92 de 30 de Julio de Seguridad Privada y el R/D 2364/94 de 9 de Diciembre, por el que se aprobó el Reglamento de Seguridad Privada; normas éstas, en las que no hay ninguna referencia a la condición de agente de la autoridad de los vigilantes de seguridad y que además deroga expresamente el R/D 629/1978, resultando evidente que el personal de seguridad privada no tiene el carácter de agente de la autoridad.

Conviene recordar que en aquellos tiempos en los que se fueron poniendo las bases por la que se rige actualmente nuestra profesión (Ley de Seguridad Privada y su posterior reglamento), unos sindicato tuvieron una postura más reivindicativa, en pos de no perder el status que tenía el profesional del sector y otros se decantaron por facilitarle mucho las cosas al gobierno de turno para descafeinar nuestros derechos y herramientas de trabajo.

Efectivamente, en torno al año 1991, se produjo una gran división entre los sindicatos con representación en el sector ante los trámites de la ley que entonces se negociaba, y en la que, entre otras voces, se tuvieron en cuenta la opinión de la representación sindical. La postura más llamativa fue la de CC.OO, que en todos los foros en los que pudo participar se opuso tajanemente a que la Ley recogiera el carácter de agente de autoridad del vigilante jurado. Para ellos, tampoco era imprescindible que el vigilante jurado fuera siempre armado, al contrario, razonaban que en determinados servicios era más peligroso para el profesional portar armas de fuego que carecer de ellas...


LA CRUDA REALIDAD DE NUESTRA PROFESIÓN

sábado, 25 de junio de 2011


DURANTE MUCHOS AÑOS los trabajadores de nuestro sector hemos ido compensando los bajos salarios que se pagaban con la realización de horas extraordinarias “a demanda”. Así se conseguía maquillar un poco los escasos emolumentos de la nómina fruto de un salario base casi vergonzante. Las empresas de seguridad fomentaban a los trabajadores que se prestaban a este tipo de prácticas ya que, a través de los convenios y sus negociantes, se pactó un valor de la hora extra tan barato que, al final, se puso al descubierto que vulneraba la legalidad.

La familia ha terminado por pagar muy caro la ausencia prolongada de los trabajadores de sus hogares: en algunos estudios sociológicos se recoge ya que en el gremio de la seguridad privada se alcanzan cotas máximas en lo referente a la desestructuración familiar a través de las separaciones. Todos podemos ponerle rostro y apellidos a este drama, que forma parte de un fenómeno “inherente” a este tipo de profesiones marcada por la turnicidad y los bajos salarios. Sabemos de compañeros que para llevar un sueldo digno han tenido que renunciar en más de una vez al descanso semanal preceptivo y hemos conocido a aquellos que vivían con una uniformidad planchada en el maletero del coche, siempre pendiente de la llamada del mando operativo.

Pero la crisis ha terminado por reventar esta mentira y ha puesto por delante la cruda realidad de nuestra profesión. Terminado el milagro de las horas extras, el salario medio del vigilante de seguridad supera a duras penas los 900 euros. La seguridad privada se ha consolidado como un gremio que roza la precariedad laboral, a pesar de tener que pasar por el aro de una formación previa de carácter privado, y superar unas pruebas selectivas para poder ser habilitados.

Ahora, las empresas se encogen de hombros y, tras aplicar masivamente el rasero “a computo”, no se hacen cargo de la problemática de la mayoría de los trabajadores, que no pueden ni acogerse al fenómeno del “mileurismo”. Nuestros mandos operativos han terminado por repescar una cantinela muy propia de los años noventa: “si no te interesa el trabajo me avisas, que hay cola en la oficina del paro para trabajar…”